El Reino de Dios profetizado en el Evangelio y en el Apocalipsis de Jesús

De la oración a la vivencia, sepa cómo acercarlo a nosotros, conforme el pedido del Divino Maestro en Su Oración del Padre Nuestro.

Rafael Ramalho
|
22/02/2018 | Jueves | 8:35 horas

“En el Padre Nuestro, Jesús establece las bases de la Constitución perfecta para los seres humanos y pueblos del Plano Espiritual y del plano material. Es la Carta Magna del mundo verdaderamente civilizado”.

Esas son palabras del Presidente Predicador de la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo1, José de Paiva Netto, proferidas en una conferencia histórica el 21 de diciembre de 1989, en la ciudad de Porto Alegre, Brasil. En esta ocasión, él realizó un minucioso estudio de la bellísima oración de Jesús, que se conoce como la “Decodificación del Padre Nuestro”. Lea más sobre el día 21 de diciembre de 1989.

Reprodução BV
"Todos pueden orar el Padre Nuestro. Este no está limitado a ninguna creencia, pues es una oración universal, de acuerdo con el amplio espíritu de Caridad del Cristo Ecuménico, el Divino Estadista. Cualquier persona, incluso atea (¿por qué no?), puede proferir sus palabras sin sentirse constreñida. Es el hijo que se dirige al Padre, o es el ser humano dialogando con su elevada condición de criatura viviente. Se trata de la Oración Ecuménica por excelencia”, Paiva Netto.

Estudio Bíblico sobre el Reino de Dios

A partir de esta conferencia, con base en las enseñanzas del Cristo, realizaremos un estudio bíblico sobre el Reino de Dios, para comprender el pedido del Divino Maestro, en Su Oración del Padre Nuestro (Evangelio, según San Mateo, 6:9 al 13): “Vénganos vuestro reino”.

¿Qué representa? ¿Cómo es posible concretar el Reino de Dios en un mundo tomado por la violencia y marcado por el choque de ideales y comportamientos? ¿Por qué no se trata de un reino dividido, excluyente? Ahora bien, la agresividad que tantas veces predomina demuestra justamente la necesidad del Reino de Dios en los corazones. Imagine una civilización inspirada por ese sentido verdadero de ciudadanía que viene del Proveedor Celestial.

San Juan, el Evangelista Profeta, aprendió con el Cristo que el Padre Celestial es Amor (Primera Epístola, 4:16). Por lo que, es sobre esa concepción de Misericordia y de Justicia que analizaremos características de Su Divino Reino, presentadas en el Evangelio y en el Apocalipsis de Jesús.

Shutterstock

¿Cómo alcanzar el Reino de Dios?

“Ahora bien, el Reino solo puede venir después que aprendemos a santificar el nombre de DIOS, amándoLo y respetándoLo por Su mayor obra: el ser humano y su inalterable Espíritu Eterno, porque sin él el cuerpo es solamente un cadáver”, afirmó el autor de la “Decodificación del Padre Nuestro”.

Por tal razón, él (el Reino) se inicia con nuestra disposición de mejorar, de vivir de acuerdo con el ejemplo de Respeto, Bondad, Justicia y Amor del Cristo de Dios. Y Jesús cree en nuestra capacidad de renovación de tal forma que garantizó que esto sucedería, tanto en el Evangelio como en el Apocalipsis. Para familiarizar la mentalidad humana con esa realidad, Él acercó a Sus discípulos y oyentes a la noción perfecta de lo que es el Reino del Padre Celestial, al revelar, de forma progresiva, la amplia jurisdicción de ese Gobierno Celestial.

“1ª) ‘Paz en la Tierra a los Hombres [y a las Mujeres] de Buena Voluntad’ (canto de los Ángeles, al anunciar a los pastores en el campo el nacimiento de Jesús, en el Evangelio, según San Lucas, 2:14);

2ª) ‘El Reino de Dios se ha acercado a vosotros’ (Evangelio, según San Lucas, 10:11);

3ª) ‘El Reino de Dios está entre vosotros (Evangelio, según San Lucas, 17:21); y

4ª) ‘Vosotros sois el Templo del Dios Vivo’ (Primera Epístola de San Pablo a los Corintios, 3:16).

Aquel Dios que desea ser adorado en Espíritu y en Verdad, no en templos de piedra hechos por la mano del hombre, sino dentro del corazón de Sus hijos. Por esta razón, la Religión de Dios no vivirá de exterioridades, en el paganismo idólatra. Sus altares serán los corazones limpios de los hombres y mujeres de Buena Voluntad —la Buena Voluntad de Dios, Omnipotente, Omnisciente, Omnipresente—”.

Palabras del inolvidable proclamador de la Religión Divina, Alziro Zarur (1914-1979), registradas en las Sagradas Directrices Espirituales de la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo, volumen I, página 169, por el Presidente Predicador de esta Casa Bendita, José de Paiva Netto.

Por ese motivo, es en nuestro corazón que construiremos, primeramente, ese Reino de Paz, Seguridad y Amor. Lo que consecuentemente será concretado en la Tierra, ya que estaremos aplicando la advertencia del Cristo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su Justicia, y todas las cosas materiales os serán añadidas” (Evangelio, según San Mateo, 6:33). Enseñanza ésta que Alziro Zarur conceptualizó como la “Fórmula Urgentísima de Jesús” y Paiva Netto también la confirió como la “Fórmula Económica del Cristo”.

Y más, explicó el inolvidable proclamador de la Religión del Tercer Milenio: ‘El Reino de Dios y Su Justicia’ es el perfecto conocimiento de las Leyes Espirituales, Inmutables y Eternas, que rigen la vida en la Tierra”. Por eso, conocerlas nos ayudará a comprender quiénes somos realmente, de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Pero, esa transformación es urgente; finalmente, habrá un momento en que la maldad no podrá existir más en el planeta Tierra y el Divino Estadista vendrá, como prometió en Su Apocalipsis: “¡Vengo pronto!, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra” (22:12).

+ ¿Por qué no temer el fin del mundo?

Características del Divino Reino

Tela: Sátyro Marques (1935-2019)

     

Es necesario considerar que el Libro de las Profecías Finales, al lado de graves advertencias, nos señala la transformación como una realidad que inevitablemente será concretada: “Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Dios y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos”. Y por esto, “Las naciones que hayan sido salvas andarán mediante su luz y los reyes de la Tierra traerán su gloria y su honor” (Apocalipsis, según San Juan, 11:15 y 21:24).

En ese Reino de Justicia, Misericordia y Amor Divinos, “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron”. Y más, “la ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella, porque la gloria divina la ilumina y el Cristo de Dios es su lumbrera” (Apocalipsis, 21:4 y 23).

Por lo tanto, diferente de lo que se ha observado en la construcción actual de la historia de la Humanidad, no se trata de un régimen humano, sujeto al miedo y a la opresión, criminalmente fundamentado en una imagen del Padre Celestial con las imperfecciones y egoísmos característicos de los seres humanos y no de Él.

Otro punto a destacarse es que, siendo Dios Amor, Él desea el Bien de todos sus hijos. Consecuentemente, ese Reino no está limitado a algunos, o a una tradición y pueblo específicos. En el Libro de la Revelación, San Juan relata la “Visión de los Glorificados”, que se deparó con “una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas” (7:9), por este motivo, un Reino amplio, accesible, caracterizado por la diversidad también.

Conexión entre la Tierra y el Cielo

Además de lo que fue destacado, consideramos que es necesario también abrir la mente para el descubrimiento de nuevos horizontes, aquellos donde residen los Espíritus de Luz, que desean ayudarnos en nuestras luchas diarias. Así, conseguiremos acercarnos a ese Divino Reino, que materializa lo que es realidad en el Mundo Espiritual Elevado.

“Entremos, por lo tanto, en sintonía permanente con aquellos que se encuentran en la Espiritualidad Superior: el Reino de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo o Espíritu de la Verdad o Paráclito, que viene descendiendo hacia nosotros, en la descripción confortadora de la Nueva Jerusalén (Apocalipsis, 21:2 y 10):

‘2 Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la Nueva Jerusalén, descender del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermoseada para su esposo.

‘10 Me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto y me mostró la gran ciudad, la santa Jerusalén, que descendía del cielo de parte de Dios’”, registró Paiva Netto, en su artículo Entrar no Silêncio do Espírito [Entrar en el Silencio del Espíritu].

Entonces, vemos el valor de la oración, especialmente la del Padre Nuestro, de Jesús, que nos pone en el ambiente del Reino de Dios y nos prepara para vivirlo. Por esto, lo invitamos a orar, a elevar su pensamiento al Padre Celestial.

+ Participe de la Cadena Ecuménica de Oraciones de la Religión del Amor Universal.

¿Qué le pareció este texto? Dé una nota para este contenido en las estrellas abajo y si tiene dudas sobre este u otros temas, comuníquese con nosotros.

____________
1 Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo — También denominada Religión del Tercer Milenio y Religión del Amor Universal. Se trata de la Religión Ecuménica de Brasil y del mundo.

Evalúe este contenido