¿Qué es el destino? Aprende a construir uno verdaderamente feliz
“¿Qué es el destino?”, “¿cómo mejorarlo?”, “¿es posible convertirlo en victoria en situaciones donde todo parece perdido?”, “¿tiene mi vida realmente un propósito?”
Seguramente, en algún momento de la vida, te has hecho estas preguntas, ¿verdad? Son inquietudes tanto humanas como espirituales que debemos considerar para comprender dónde estamos y hacia dónde queremos ir, con el objetivo de construir un destino feliz.
Por lo tanto, te invitamos a reflexionar sobre este tema y a trabajar en la transformación constructiva de tu futuro.
Jesús, en Su Santo Evangelio, nos cuenta la historia¹ de un padre que tenía dos hijos. El menor le pidió que repartiera los bienes y le diera su parte. Así lo hizo el padre. Y el joven partió hacia una tierra lejana y malgastó todos sus recursos irresponsablemente. Sufrió e incluso pasó hambre.

Volveremos a esta intrigante “parábola del hijo pródigo” más adelante. Antes de continuar, nos gustaría aclarar algunos puntos fundamentales:
Según el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, sobre lo que es el destino, encontramos esta definición: “El destino es el encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal. Destino es sinónimo de hado, sino, fatum, azar, suerte, fortuna, ventura, fatalidad”.
Por lo tanto, Dios nos creó, pero somos nosotros quienes determinamos nuestro destino, según la forma en que ejercemos el libre albedrío que nos fue concedido por la Ley Divina. Esto se demuestra incluso en la física y en las matemáticas, como expresó Isaac Newton: a cada acción siempre se opone una reacción igual, pero en sentido contrario².
Así pues, al indagar sobre qué es el destino, es fundamental comprender y desterrar la idea errónea de que alguien o algo lo controla o lo establece. O incluso que existe un dios malicioso que se divierte a nuestra costa, con nuestro sufrimiento. ¡No! Lo reiteramos: somos nosotros quienes creamos nuestro destino, de acuerdo con nuestras acciones.
José de Paiva Netto (1941-2025), Líder Espiritual de la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo, nos aclara este importante punto en las Sagradas Directrices Espirituales de la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo, volumen 2, página 376:
“Lo que hacemos mal debe ser corregido por nosotros mismos. Esto no significa que estemos condenados a sufrir eternamente las consecuencias de un desvío puntual en el cumplimiento de las Ordenanzas Celestiales”.
Y concluye:
“Por la voluntad soberana de Dios Creador, existe, de forma irrevocable, la Ley Universal de Causa y Efecto. Un mentor de las Claridades Divinas advirtió:
—La siembra es libre, pero la cosecha es obligatoria.
Por lo tanto, constantemente sembramos (libre albedrío) y cosechamos (determinismo)”.
Por lo tanto, comprender qué es el destino evoca responsabilidad, compromiso con el Bien y una postura de rectitud ante la vida. Todo comienza con el pensamiento. El inolvidable Proclamador de la Religión Divina, Alziro Zarur, afirmaba:
“Los pensamientos crean los destinos humanos”. Y aún: “Dios creó al Ser Humano de tal manera que él solo puede ser feliz practicando el Bien”.
Pero alguien podría preguntar: “¿Y lo que ya he hecho mal? ¿Acaso no define mi futuro?”.
Dios nos concede la extraordinaria oportunidad de corregirnos a diario. Por lo tanto, está en tus manos convertirte en promotor de un destino feliz, actuando en el Bien y con Buena Voluntad.
Esto significa que, si, por alguna razón, desgracia o incluso falta de atención, hemos realizado acciones menos dignas en el pasado, incluso en reencarnaciones anteriores, tanto con nosotros mismos como con nuestros semejantes, no estamos condenando nuestro destino a la infelicidad eterna.
En la Religión del Tercer Milenio aprendemos que la reencarnación no es un castigo, sino una oportunidad.
Cuando suceden cosas malas, es muy común escuchar frases como “es culpa del destino”, “nací para sufrir”, “Dios quiere que sea así…”, y se olvida que Dios no nos creó para sufrir, pues Él es Amor, como enseñó Jesús (Primera Epístola de San Juan, 4:8). Obviamente, estas reflexiones no pretenden menospreciar las dificultades de nadie. Al contrario.
Para ayudarnos a superar los desafíos con el Amparo Divino, el Profeta Jeremías nos transmite estas palabras de fortaleza y ánimo que el Dios de Amor inspiró en él y que brotaron de sus labios:
“‘Solo Yo sé los planes que tengo para ustedes. Son planes para su Bien, y no para su mal, para que tengan un futuro lleno de esperanza’. —Palabra del Señor” (Jeremías, 29:11).
Lo que hayamos hecho mal en algún momento de nuestra existencia, en esta u otras vidas —pues somos Espíritus Eternos en evolución—, no puede definirnos ni etiquetarnos, ya que poseemos la valiosa oportunidad de progresar, actuando correctamente y evitando repetir los mismos errores del pasado. El Hermano Paiva proclama, y está escrito en el Trono y Altar de Dios del Templo de la Buena Voluntad: “Todos los días son días de renovar nuestro destino”.
Cada vez que pienses sobre qué es el destino y en las situaciones difíciles que estás atravesando, no culpes a los demás ni a Dios, no blasfemes contra la vida y toma las riendas de tu existencia, pues, como aprendemos en la Religión del Tercer Milenio:
“La suerte y el azar son ilusiones. Nosotros somos los que construimos nuestro destino. Por esto, cultivemos buenos pensamientos, el primer paso para hacerlos realidad”.
¿Recuerdas la “parábola del hijo pródigo” narrada por Jesús (Evangelio, según San Lucas, 15:11 al 32), con la que iniciamos nuestra conversación? Ella nos ofrece una conclusión sobre qué es la suerte, ya que un destino feliz también tiene que ver con el arrepentimiento y la renovación: el hijo menor de aquel padre amoroso se arrepintió de las decisiones que había tomado y transformó lo que habría sido un destino trágico e infeliz en una oportunidad para empezar de nuevo.

El inolvidable Hermano Alziro Zarur (1914-1979) enseñaba: “El hombre construye su destino, primero con el pensamiento; después, con la palabra; y, por último, con la acción”. El joven mencionado en el pasaje bíblico utilizó, incluso inconscientemente, este mecanismo de transformación: reflexionó consigo mismo sobre el cambio (versículo 18); verbalizó y actuó en torno a ese cambio cuando fue al encuentro de su padre (versículos 20 y 21).
La actitud del padre puede compararse con el Amor extremo que Jesús, Padre Celoso y Compasivo, nos tiene cuando reconocemos nuestros errores y retomamos el camino que nos lleva a Su encuentro sublime, pues Él nos recibe con los brazos abiertos y nos conduce a un destino glorioso.
Pero también, a menudo, tendremos que afrontar situaciones similares a la que vivió el joven con su hermano mayor, pues cuando nos equivocamos, no solo sufrimos nosotros, sino que también hay otras personas involucradas que sufren y se entristecen por nuestra conducta irreflexiva.
La renovación también implica una actitud de resiliencia, perseverancia y superación.
¡Vale la pena leer este pasaje emblemático completo y reflexionar sobre él!
La parábola del hijo pródigo
Evangelio de Jesús, según San Lucas, 15:11 al 32
11 Jesús dijo: Un hombre tenía dos hijos,
12 y el menor de ellos le dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde. Entonces el padre les repartió los bienes.
13 Unos días después, el hijo menor juntó todas sus cosas y se fue lejos, a una provincia apartada, y allí dilapidó sus bienes llevando una vida disipada.
14 Cuando ya lo había malgastado todo, sobrevino una gran hambruna en aquella provincia, y comenzó a pasar necesidad.
15 Se acercó entonces a uno de los ciudadanos de aquella tierra, quien lo mandó a sus campos para cuidar de los cerdos.
16 Y aunque deseaba llenarse el estómago con las algarrobas que comían los cerdos, nadie se las daba.
17 Finalmente, recapacitó y dijo: ¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen pan en abundancia, y yo aquí me estoy muriendo de hambre!
18 Pero voy a levantarme, me iré con mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti,
19 y no soy digno ya de ser llamado tu hijo; ¡hazme como a uno de tus trabajadores!
20 Y así, se levantó y regresó con su padre. Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y tuvo compasión de él. Corrió entonces, se echó sobre su cuello, y lo besó.
21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y no soy digno ya de ser llamado tu hijo.
22 Pero el padre les dijo a sus siervos: Traigan la mejor ropa, y vístanlo. Pónganle también un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
23 Vayan luego a buscar el becerro gordo, y mátenlo; y comamos y hagamos fiesta,
24 porque este hijo mío estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y lo hemos hallado. Y comenzaron a regocijarse.
25 El hijo mayor estaba en el campo, y cuando regresó y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas.
26 Entonces llamó a uno de los siervos, y le preguntó qué estaba pasando.
27 El siervo le respondió: Tu hermano ha vuelto, y tu padre ha ordenado matar el becerro gordo, porque lo ha recibido sano y salvo.
28 Cuando el hermano mayor escuchó esto, se enojó tanto que no quería entrar. Así que su padre salió a rogarle que entrara.
29 Pero el hijo mayor le dijo a su padre: Aunque llevo tantos años de servirte, y nunca te he desobedecido, tú nunca me has dado siquiera un cabrito para disfrutar con mis amigos.
30 Pero ahora viene este hijo tuyo, que ha malgastado tus bienes con meretrices, ¡y has ordenado matar el becerro gordo para él!
31 El padre le dijo: Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todo lo que tengo es tuyo.
32 Pero era necesario hacer una fiesta y regocijarnos, porque tu hermano estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y lo hemos hallado.
Concluimos este artículo reforzando la invitación a que seas el protagonista de tu destino, convirtiéndote en un vencedor con Jesús. Porque no son los comentarios de los demás, las situaciones que te rodean ni los hechos externos que te involucran en tu vida diaria los que dictan tu destino, sino tu postura de Fe que Realiza (Fe + Buenas Obras) y el pensamiento firmemente fijado en Jesucristo ante todas estas situaciones.
A tu corazón, estas palabras de fortaleza y perseverancia del Líder Espiritual de la Religión del Amor Universal, Paiva Netto, al escribirnos en el artículo “Conviértase en el protagonista de su destino”:
En lugar de maldecir su vida, su infortunio, mi Hermano, mi Hermana, utilice el tiempo en beneficio propio, como palanca de su destino, al auxiliar a los que padecen todavía más. Esta postura atrae a su Espíritu incontables beneficios, y las soluciones surgen en el camino. Dice un antiguo aforismo al que hay que tener en alta consideración: “El pensamiento es el sastre del destino”.
¡¿Vamos a construir un futuro feliz?!
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¹ Evangelio de Jesús, según San Lucas, 15:11 al 32.
² Principio de acción y reacción: tercera ley de Newton sobre el movimiento.