¿Qué hacer para que haya Paz en la familia?

Clara Periotto
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04/04/2017 | Martes | 7:15 horas

¡Convivir es un arte! Cuando hablamos de convivencia en familia, entonces, esta frase encaja perfectamente. Todos queremos experimentar la Paz. Pero muchas veces hay divergencias de opiniones, dificultad en perdonar, dejar el orgullo a un lado, no conseguir conciliar el tiempo y las expectativas, entre otras situaciones que acaban por formar parte del guion de nuestras existencias.

Pero, es necesario comprender que los problemas de relaciones o de cualquier otro origen, incluso en el ámbito familiar, son normales. Todas las familias pasan por desafíos. Pero ¿por qué sucede esto y cómo superarlos?

El origen de la familia es espiritual

Primeramente, la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo1 no cree que la formación de la familia sea obra de la casualidad, sino que las relaciones anteceden a esta vida material en la cual estamos viviendo. La muerte no existe, somos espíritus eternos y la familia nace antes de un embarazo: su formación empieza en el Mundo Espiritual. Siendo así, los integrantes de un hogar tienen un compromiso de evolucionar juntos espiritualmente en la Tierra, por lo tanto, de corregir errores de vidas pasadas y crear nuevos lazos de Fraternidad, dando espacio al perdón, al entendimiento, al Amor en su expresión más sublime. 

Y aunque en esa vida se hayan cometido muchos errores, aun así, cada existencia es una oportunidad única para que reatemos los lazos familiares. Acerca de los inmensos desafíos que los hogares han enfrentado actualmente y el pesimismo que pueda haber ante esto, escribe el Presidente Predicador de la Religión del Tercer Milenio, José de Paiva Netto, en su artículo La gran familia Humanidad:

"¿La familia se está acabando? No. Está evolucionando como es natural. Y dentro de toda la confusión de este cambio de milenio, por más increíble que parezca a los impacientes, ella está, aunque dando tumbos y con dificultades, en la búsqueda de Algo, que un día descubrirá que es Dios —con un nombre o sin nombre—, que es Amor, sin el cual la persona no puede subsistir dignamente, por lo tanto, queriéndolo o no, forma parte de Él. Expresó San Pablo Apóstol, en la Segunda Epístola a los Corintios, 6:16: — "Vosotros sois el Templo del Dios vivo'”.

¿Cómo superar los desafíos en familia? 

Como referencia de compasión y de capacidad para unir a personas aparentemente tan diferentes entre sí, recurrimos a Jesús, que en Su Evangelio Apocalipsis nos presenta diversas enseñanzas para la conquista de la Paz en la familia. Por ejemplo, la Parábola del Hijo Pródigo, de acuerdo con Su Buena Nueva, según San Lucas, 15:11 al 32. En ella, un hombre con fortuna tenía dos hijos, el menor le pidió su parte de la herencia y fue a viajar, gastando todo desordenadamente. Pero, cuando las riquezas acabaron y el hambre vino, el joven retornó al hogar arrepentido. El patriarca al verlo, inmediatamente lo recibió con alegría y con una abundante fiesta, diciendo: “Comamos y regocijémonos, porque este mi hijo estaba muerto y revivió, estaba perdido y fue hallado” (versículos 23 y 24).

Pueden sacarse muchas lecciones de ese pasaje, véase ahí, por ejemplo, un gran acto de amor y perdón. Porque, el padre, aun sabiendo el error del hijo, estaba dispuesto a perdonarlo, para que el propio hijo también se enderezara. Al analizar su actitud, podemos recordar que Dios hace lo mismo con nosotros. La propia Ley de la Reencarnación es un gran acto de misericordia, en que, mediante las vidas sucesivas, el Padre Celestial nos da una nueva oportunidad para corregir nuestros errores y madurar ante los desafíos. El Padre Celestial no desiste de nosotros, tiene paciencia y se manifiesta concediéndonos la oportunidad de la vida, los recursos naturales, la constitución de las familias para que todos los días podamos dar un paso más en la superación de nuestros desentendimientos con los otros y con nosotros mismos. Y si Él hace esto, ¿por qué nosotros no podemos actuar de igual forma para quienes integran nuestra familia?

“No se debe desistir de las personas que se aman”

Cuando sea difícil ejercitar el perdón, actuar con paciencia o conciliar las diferencias, reflexionemos sobre las enseñanzas del escritor Paiva Netto, en su artículo Derrotando los vicios:

"Imprescindible en la vida es no desistir de las personas que se aman; aún por las que, por un motivo u otro, se dejen de amar o que nunca se amaron. En realidad, no se debe jamás desamparar a la criatura humana, porque, en el fondo, formamos la Inmensa Familia de Dios. Aprendamos con Jesús: Él es el Gran Amigo que no abandona a un amigo en medio del camino. Por lo tanto, va a buscar a la oveja perdida donde quiera que se encuentre”.

Estamos viviendo en un mundo donde es muy fácil desistir de quienes amamos. Y no podemos hacer esto. Vivir la Paz en la família implica perseverar en ella. Por lo que una acción muy necesaria es buscar el fortalecimiento en las enseñanzas ecuménicas de Jesús, pues hablan de Respecto, Fraternidad, comprensión. Debido a esto, la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo recomienda la Oración en familia, por lo menos una vez por semana. En ese momento, llamado la Cruzada del Nuevo Mandamiento de Jesús en el Hogar, se estudia el Evangelio del Divino Maestro y otros libros que propaguen los buenos valores, por ejemplo, las obras de la Religión del Tercer Milenio.

Por lo tanto, es una oportunidad para buscar la protección de los Ángeles de la Guarda que acompañan a la familia y atraen esa protección al hogar. Así, el corazón y la mente se fortalecen y las palabras correctas son proferidas para el buen entendimiento. En este sentido, vale destacar el esfuerzo en promover el diálogo saludable, ejercido con profundo y sincero Amor Fraternal entre todos.

Arte: Gabriel Estevão

Al persistir en la Paz, las recompensas aparecen naturalmente 

Continuando con la Parábola del Hijo Pródigo, el hijo mayor retorna del trabajo y, al ver la fiesta, se indigna, se rehúsa a entrar a la casa y siente que es injusto no haber recibido una recompensa semejante (versículo 29). A lo que el padre le responde: “Hijo mío, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas” (versículos 31 y 32). Recordemos esto, cuando persistimos en la Paz, las recompensas aparecen naturalmente y pueden venir de diversas formas (sean en recursos materiales, como también en disposición, protección espiritual y de otras muchas formas).

En el pasaje percibimos también que cada hijo tenía su valor, pero cada uno tuvo un tiempo para razonar. Y, en la familia, cada uno puede tener un tiempo, pero cada integrante tiene mucho valor. ¡Creer en esto es un paso decisivo para vivir en Paz!  Aprendemos con el Cristo de Dios que cada persona importa, principalmente en el Hogar, pues todos forman parte de una Planificación Espiritual. Y ¿por qué nos esforzamos para vivir la Paz en familia? Como esclarece el Presidente Predicador de la Religión del Tercer Milenio:

"Es en la familia que deben florecer los sentimientos más tiernos y sublimes del ser humano".

 

¡Venga a ser feliz en la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo!

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Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo: También denominada Religión del Tercer Milenio y Religión del Amor Universal. Se trata de la Religión Ecuménica de Brasil y del mundo.

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