La Paz de Dios: seguridad en tiempos de violencia
Te invitamos, querido(a) lector(a), a reflexionar sobre la importancia de la Paz de Dios en tu vida, especialmente en estos tiempos difíciles que vivimos, marcados por situaciones de violencia, inseguridad y guerras.
Este espacio está dedicado a profundizar en cómo la Paz de Dios también se manifiesta como una fuerza interior accesible a todos, y su gran poder transformador en los corazones de las personas, impactando asimismo en el mundo.

Pensemos: ¿no es el ser humano quien hace que las cosas sucedan? Son las personas las que crean sociedades, perfeccionan tecnologías, dialogan y planifican mejoras, impulsando investigaciones y desarrollos en diferentes áreas económicas, sociales y culturales.
Por lo tanto, es del interior de cada individuo de donde surgen y se materializan los acontecimientos presentes en este mundo, ya sean positivos o, lamentablemente, aún negativos.
Así, es a este ser humano (criatura espiritual) a quien debemos observar con cariño, porque de él nacen las construcciones que existen a nuestro alrededor. Si hay paz, tranquilidad, armonía y progreso en la sociedad, es porque el ser humano está trabajando y nutriendo estos valores en su interior; de igual manera, si alberga el caos interior, ese caos se reflejará en el mundo.
Pero quizás te preguntes: ¿qué relación tiene todo esto con la Paz de Dios?
Pues bien, quien cultiva la Paz de Dios en su corazón —ya sea hombre, mujer, niño, joven o anciano— es capaz de lograr hechos extraordinarios en su propia vida y en la vida de los demás. La paz interior que proviene de Dios permite enfrentar los desafíos de la vida con equilibrio, atravesar momentos difíciles con serenidad y mantener la claridad mental y espiritual, lo que ayuda en la búsqueda de la felicidad real.
Por ello, el escritor Paiva Netto, Presidente Predicador de la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo, enseña en su blog:
“El mayor bien que el Creador Supremo puede proporcionar a la criatura es la Paz interior, que cosa alguna en este mundo logra reemplazar. Quien tiene Paz tiene fuerza, porque carga el Divino Poder en el corazón”.
Esta Paz que Jesús nos ofrece diariamente y espera que cultivemos en nuestros corazones posee un poder transformador, impregnado de Amor, Fraternidad y Esperanza. En momentos difíciles, cuando necesitamos fuerza para resolver problemas, valentía para tomar las decisiones correctas, perseverancia para superar enfermedades y fe para alcanzar buenas realizaciones, es con esta paz interior —la Paz Divina— que nos fortalecemos y encontramos el equilibrio necesario para enfrentar los desafíos de la vida.
La Paz de Dios no es la de los hombres

Jesús consuela a los discípulos
La Paz de Dios trasciende la paz promovida por los seres humanos, que a menudo es ilusoria, pues surge de conflictos y desacuerdos y puede generar sufrimientos, sin resolver realmente los problemas. La Paz de Dios que buscamos y que Él nos ofrece es una paz verdadera, que proviene de Él mismo y que solo Jesús puede proporcionarnos.
“Mi Paz les dejo, mi Paz les doy. No les doy la paz del mundo. Les doy la Paz de Dios, que el mundo no les puede dar. No se turbe su corazón ni recele, porque ¡Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo!” (Evangelio, según San Juan, 14:27; y San Mateo, 28:20).
En estos versículos, el Cristo de Dios asegura la Paz que el mundo no puede ofrecer. Él vino a enseñar la Paz de Dios, accesible a todos los que la buscan, porque sabe que la necesitamos para vivir bien.
Además, Jesús nos consuela al afirmar: “No se turbe su corazón ni recele, porque ¡Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo!”. Él mismo previó los desafíos y dolores que enfrentaríamos, y nos aseguró Su Divina Paz para guiarnos en el camino correcto, brindándonos equilibrio, fortaleza y seguridad, sin abandonarnos jamás.
Jesús está siempre con nosotros para guiar nuestros pasos en la búsqueda del bien. Necesitamos acercarnos a Él, y así mereceremos todo lo que tiene para concedernos a través de buenos sentimientos, pensamientos, palabras y acciones.
Creer en Dios y buscar la Paz no significa la ausencia de luchas o dificultades, sino tener en Él la fuerza para superarlas. Saber que el camino está iluminado por el Amor Divino trae tranquilidad al corazón y nos abre horizontes para la victoria.
¿Cómo obtener la Paz de Dios?
La Paz es una conquista de todos, pues está en nuestras manos. No se trata de una actitud pasiva, en la que simplemente aguardamos su llegada; es necesario asumir una postura llena de amor, paciencia, armonía y perdón.
Hemos seleccionado cuatro prácticas que pueden ayudarte a recorrer este camino de Paz:
1. Estudia las enseñanzas de Jesús
Es de suma importancia estudiar, investigar y analizar las enseñanzas contenidas en el Santo Evangelio y en el Apocalipsis de Jesús. En ellos encontramos orientaciones claras sobre cómo vivir mejor, alcanzar la Paz del Alma, solucionar los problemas más difíciles y definir propósitos de vida. Pero para ello es necesario conocer verdaderamente a Jesús y comprender Sus enseñanzas para aplicarlas en el día a día.
La Religión Divina ofrece diversos espacios de estudio para que podamos comprender a Jesús diariamente; al fin y al cabo, como aprendemos en esta Casa Bendita: “Jesús es una conquista diaria para los que tienen sed de Saber, de Misericordia, de Fraternidad, de Libertad e Igualdad, según la Ley de las Vidas Múltiples. Jesús, en Sí mismo, no constituye un factor de rencores y guerras”.
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2. Elimina los sentimientos negativos
Muchas veces, sin darnos cuenta, acumulamos cargas en nuestra Alma que dificultan nuestro camino y nos impiden alcanzar la Paz interior. El rencor, la envidia, la pereza, los juicios y la indiferencia son ejemplos de sentimientos y comportamientos perjudiciales que no nos hacen bien. Por lo tanto, es indispensable buscar también el autoconocimiento y la paz interior, con el objetivo de limpiar diariamente el Alma de esos residuos que nos dañan.
El Hermano Paiva Netto, nuestro Líder Espiritual, nos esclarece esto desde hace mucho tiempo:
“La Paz, la verdadera Paz, nace primero del corazón limpio del ser humano. Y solo Jesús puede purificar el corazón de la Humanidad de todo odio, porque Jesús es el Señor de la Paz”.
3. Ora a Jesús, el Cristo Ecuménico, el Divino Estadista
El ejercicio fundamental para quienes buscan tranquilidad del Alma y protección espiritual es recurrir a este recurso que Jesús nos enseñó y hablar con Dios de todo el corazón. La Oración es la certeza que Jesús nos da para alcanzar todo lo que deseamos con Fe que Realiza y Merecimiento.
Hablar con Dios, una bandera defendida por el Hermano Alziro Zarur (1914-1979), inolvidable Proclamador de la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo, quien, en su prédica radiofónica, hace más de 70 años, ya invitaba a todos a este diálogo directo con el Maestro Jesús.
4. Practica el Bien

Consuelo a los corazones que sufren
Realizar buenas acciones para ayudar a los demás llena nuestra Alma de oportunidades de crecimiento y desarrollo espiritual. Nos ayuda a ver victorias más allá de nuestros propios dolores y también a solidarizarnos con el sufrimiento ajeno.
Jamás alcanzaremos la Verdadera Paz —la que nos proporciona felicidad, tranquilidad y sabiduría— en nuestro interior, en nuestro hogar, en la sociedad si no miramos al prójimo que sufre, si somos indiferentes y egoístas unos con los otros. Esta es la convicción que nos enseña el Hermano Paiva: “Quien quiera disminuir su dolor ayude a los que sufren”. Y como enseñaba el inolvidable Proclamador de la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo, Alziro Zarur (1914-1979): “Dios creó al ser humano de tal forma que él solo puede ser feliz practicando el Bien”.
Por lo tanto, es esencial perseverar en la oración y orientar nuestras acciones diarias hacia lo que nos hace bien, cultivando el amor, la caridad y la misericordia. Ante los desafíos que estemos enfrentando, debemos mantenernos firmes en este camino que nos lleva a la Paz de Dios en el corazón.
Así, ¡nada podrá detener a una mujer o a un hombre decididos en el Bien, pues tendrán a su lado un ejército de Almas Benditas, de Espíritus de Dios, que los fortalecerán y les concederán la Paz de Dios! Tal como encontramos en este hermoso versículo registrado por San Pedro Apóstol:
“Debe apartarse del mal y hacer el Bien, buscar la Paz, y seguirla”. (Primera Epístola de San Pedro Apóstol, 3:11)
Cada detalle importa, no lo dejemos para después
A veces abordamos el tema de la Paz de forma tan natural que no nos damos cuenta de lo indispensable que es para vivir en armonía y cooperación, tanto individual como colectivamente. A menudo, solo nos damos cuenta de esto cuando la violencia o la guerra se instalan en nuestras vidas.
No podemos posponer estas actitudes en favor de la Paz. Cada detalle de nuestros pensamientos, palabras y acciones es importante. Podemos elegir entre generar buenas conversaciones o chismes, promover el diálogo o las peleas, fomentar la cooperación o crear un ambiente negativo y pesado, entre otras cosas. Por lo tanto, estos “detalles” sutiles pueden producir efectos positivos o negativos y requieren un cuidado permanente.
Por lo tanto, es hoy cuando debemos actuar. Es en la dificultad del presente que desarrollamos nuestra fuerza interior y encontramos la Paz de Dios, que permanecerá en nuestra Alma mientras mantengamos estas actitudes.
Reafirmamos: La Paz de Dios ofrece soluciones duraderas, pues actúa en la causa de los problemas, creando raíces firmes en un lugar seguro, donde el ladrón no roba, la corrupción no destruye y los terremotos no sacuden sus estructuras. Porque estará arraigada dentro de ti, y tú serás el guardián de tu Fe, de tu Paz, que proviene de Dios, Supremo Creador del Universo.
No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corroen, y donde los ladrones minan y hurtan. Por el contrario, acumulen tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el óxido corroen, y donde los ladrones no minan ni hurtan. Pues donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. (Evangelio de Jesús, según San Mateo, 6:19 al 21).
Por lo tanto, querido(a) lector(a), procura aplicar las buenas prácticas que se presentan en este texto, capaces de promover la verdadera paz interior, a través del conocimiento de ti mismo(a), como hija y/o hijo de Dios. Seamos el cambio que el mundo necesita para mejorar.
Para concluir esta reflexión, te invitamos a realizar un ejercicio que calma la mente y el Alma, a través de este poema, que también es una oración, “¡Jesús!”, del Hermano Paiva Netto (1941-2025), incluido en la obra literaria “Al Corazón de Dios — Colección Ecuménica de Oraciones”:

¡Jesús!
¡En la Tierra, el Cristo es el Señor!
Estará conmigo adonde vaya.
Desciendo al mar, subo a los Cielos,
venzo al odio y el desprecio.
Canto a la Luz,
grito fuerte: ¡Jesús!
Cielo y Tierra siempre existirán.
La Verdad y el Amor gobernarán.
Y Dios dictará nuestro destino, entonces,
con la Fraternidad y la Gloria
de Su Corazón.
+ Haz clic aquí y escucha esta conmovedora canción en portugués.