Entienda por qué la eutanasia no es el fin del dolor

Thaís Afonso
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02/12/2014 | Martes | 19:15 horas

La Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo1 busca acercarnos conocimientos sobre la Espiritualidad Ecuménica, para que sepamos tomar las mejores decisiones ante temas como la eutanasia y otros asuntos relacionados con la protección de nuestras vidas y de aquellos que están bajo nuestro cuidado, como los familiares y amigos.

Al estimular de forma constante la conciencia de la eternidad de la Vida, nos volvemos más capaces de tomar medidas sin que eso nos cause arrepentimiento, ya que cuanto más conocemos el impacto de nuestras acciones (en la Tierra y en el Cielo), más adquirimos una mayor responsabilidad, autonomía y libertad.

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Debemos aplicar este mismo enfoque cuando estamos ante el desafío de amparar a los seres queridos que se encuentran en la “etapa terminal" (nombre dado por la medicina humana). Después de todo, nos puede traer mucha angustia ver a un ser querido pasando por un momento de dolor, incertidumbre, sin que la medicina material pueda cambiar de inmediato su estado, ni ofrecer opciones de tratamiento. 

El sentimiento de impotencia puede circunstancialmente debilitar nuestra Alma.

En situaciones como éstas, buscamos hacer lo que está a nuestro alcance para reducir esa aflicción, aunque sea un poco. Pero, hay que tener mucho cuidado de no aumentar el sufrimiento del paciente, incluso involuntariamente.

La eutanasia y sus consecuencias espirituales

Para algunos, en momentos como los descriptos anteriormente, la eutanasia se presenta como si fuera la mejor opción. Pero, la Religión Divina enseña que no lo es. Al igual que todo en la naturaleza sigue su propio curso, con la muerte, que es un proceso natural, no podría ser diferente.

Además, ella no es el final de todo. Cuando se produce el desenlace, el propio cuerpo material se convierte en nuevas formas de vida, y el Alma continúa su trayectoria en el Mundo Espiritual.

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Anticipar el momento del retorno al Mundo de la Verdad, aunque sea el deseo inicial del paciente, causará un gran sufrimiento a su Espíritu.

Por cierto, muchos errores se deben a la falta de comprensión de la eternidad de la Vida, conforme ha explicado el presidente-predicador de la Religión del Amor Universal, José de Paiva Netto, en su libro Las Sagradas Directrices Espirituales de la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo, tomo 3, página 188:

"Morir no consiste en que el cuerpo vaya al cementerio y el Espíritu a la Patria de la Verdad (el Mundo Espiritual). En este caso, es vivir. Por lo tanto, nadie debe cometer suicidio, porque la muerte es un cuento; la vida continúa. Usted se suicida para escapar de los problemas... Entonces descubre que está vivo... Abre los ojos en el otro mundo... Completamente vivo... Y como tenía un cuerpo para atravesar un determinado número de años en la Tierra, permanecerá con su Espíritu dolorosamente preso a él, hasta que se agote el período que debería pasar en la carne”.

Muerte digna

Hay, sin embargo, en muchos casos de eutanasia una preocupación por asegurar que nuestros seres queridos tengan una muerte digna.

En este sentido, la Religión del Tercer Milenio nos aclara que no hay mayor gloria que la conciencia de haber luchado incansablemente por la vida, con todos los recursos que le fueron concedidos, realizando en la Tierra aquello que planificamos para nosotros mismos en el Cielo2, cumpliendo con el tiempo ideal que nos fue dado por Dios para permanecer aquí, con nuestro consentimiento.

Lo que dignifica al ser humano son sus actos de amor

Defender la vida es el mayor acto de humanidad que podemos ofrecer a los que amamos.

Por eso, debemos demostrarles que nunca serán abandonados, incluso en los momentos más difíciles. Y la religiosidad se convierte en un importante auxilio para la familia que pasa por esta situación.

El cultivo de la oración, los pensamientos elevados y la transmisión de buenas energías contribuyen principalmente con el espíritu que sufre, en el momento del desenlace, y con los demás que permanecen en la Tierra con el buen recuerdo de quien volvió a su Patria de origen.

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Todos nosotros, en Humanidad, merecemos respeto, protección y Amor. Sobre todo, los que se encuentran en una situación más frágil, aquellos cuyas vidas han sido confiadas a otras manos, en el caso de la eutanasia, a las nuestras.

Es nuestro papel defender la vida desde la concepción hasta el momento del regreso –natural y en la hora correcta – al Mundo Espiritual. Proceder de otra manera es actuar con violencia, falta de respeto a los derechos de nuestros semejantes, haciéndolos sufrir. Esto jamás será nuestra voluntad.

"La fuerza de la oración"

En los momentos de gran angustia, la Religión del Tercer Milenio siempre nos enseña a orar, a hablar con Dios, dedicando nuestras mejores energías al corazón de los que están bajo nuestro cuidado y necesitan nuestra ayuda. Sepa más sobre "La fuerza de la oración", en el artículo del escritor Paiva Netto.

Haga su pedido en la Cadena Ecuménica de Oraciones de la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo.

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Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo — También denominada Religión del Tercer Milenio y Religión del Amor Universal. Se trata de la Religión Ecuménica de Brasil y del mundo.

Agenda Espiritual — Enseña la Religión del Amor Universal que nadie nace en la Tierra sin un propósito de existencia. El Educador Celestial, Jesús, nos dio Su ejemplo: “Descendí del Cielo, no para hacer mi propia voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió.” (Evangelio, según San Juan, 6:38).  Por lo tanto, cada uno de nosotros, antes de reencarnar en la Tierra, asumimos en el mundo espiritual —nuestra patria de origen— un conjunto de compromisos, desafíos y situaciones, que componen nuestra Agenda Espiritual.

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