Embarazo en la adolescencia

¿Cómo ayudar a los hijos a actuar con responsabilidad?

De la redacción
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04/04/2017 | Martes | 6:30 horas

En los casos de embarazo en la adolescencia, surge el inevitable cuestionamiento: ¿qué hacer para ayudar a esa pareja de jóvenes a asumir sus responsabilidades y que no sientan que están desperdiciando sus vidas?

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Entre las dificultades que pueden ser enfrentadas por los adolescentes y sus familias (complicaciones con la salud, cambios en los planes de sus estudios, decisiones y la necesidad de “crecer” más rápido que los amigos, por ejemplo), muchos padres se sienten divididos entre el deseo de proteger a sus hijos de los sufrimientos a cualquier costo y la necesidad de enseñarles que sus acciones tienen consecuencias; en este caso, sobre la vida de otras personas (incluso una que todavía no nació).

A partir de las aclaraciones sobre las consecuencias espirituales del aborto provocado, enseñadas por la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo1, lo invitamos a esta reflexión sobre el embarazo en la adolescencia, pues comprendemos que el nasciturus es un individuo distinto a su madre y singular desde el momento de la concepción, concepto reforzado por los estudiosos de la embriología.

En el artículo Por la Vida, del escritor Paiva Netto, encontramos ese tema al que hace referencia la profesora doctora brasileña Alice Teixeira Ferreira, del Departamento de Biofísica de la Universidad Federal de São Paulo/Escuela Paulista de Medicina (Unifesp/EPM):

“Para no decir que está desactualizado, los embriólogos, en 2005 afirman que no solo el origen del ser humano se da en la fecundación, sino que desde el punto de vista molecular, la primera división del cigoto define nuestro destino”.

De esa forma, es un ser que merece vivir y debe tener sus derechos asegurados (como es previsto en la constitución federal brasileña y en tantos otros documentos de promoción de los Derechos Humanos en todo el mundo).

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A continuación, vea algunas explicaciones sobre el tema, en una entrevista con la Ministra Predicadora de la Religión Divina, Paula Suelí:

¿No sería mejor recurrir al aborto, considerando la inmadurez de los padres?

Predicadora: es importante observar que el niño, además de ser el resultado de la elección de sus padres (todavía muy jóvenes), si está en el vientre materno, recibió autorización divina para reencarnar. Aunque no se trate del momento ideal para ese embarazo durante la adolescencia de la pareja (lo que necesita considerarse antes y no después de la concepción) hay más de una vida en juego: la del bebé. 

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Siendo así, a partir de ese momento, las cuestiones deben ser otras: ¿Cómo vamos a amparar a este niño, de manera que tenga sus derechos asegurados, incluso el derecho al afecto y al amparo? ¿Cómo vamos a garantizar la estructura para esos adolescentes, ayudarlos en la planificación familiar, en el cumplimiento de su misión y en la conducción responsable de su sexualidad?

En la práctica, se observa que, como el adolescente aún no está preparado, principalmente psicológicamente, muchas veces el niño será un poco “hijo” de la abuela, del abuelo, de los tíos, y de otras personas que, no por casualidad, están en el camino de esa nueva familia que se forma (ellos tienen responsabilidades directas con el niño que está naciendo, que no sustituyen a las de los padres, sino que las complementan).

Por lo tanto, el aborto no es una solución, puesto que no eliminará los lazos espirituales que convierten a los dos adolescentes en padres de aquel niño y, además de esto, significará una profunda agresión al bebé, que dejará prematuramente el cuerpo físico, sintiéndose herido y abandonado por su familia.

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¿Esto significa que el embarazo en la adolescencia es un embarazo como cualquier otro?

Predicadora: con seguridad, no. Además, no podemos olvidar que incluso desde el punto de vista jurídico y legal (en algunos países, como sucede en Brasil), la relación sexual hasta los 14 o 16 años se considera como un abuso sexual, porque ese adolescente no tiene discernimiento de lo que está sucediendo.

Y con todo lo que ocurre durante la adolescencia, con esas nuevas emociones, deseos y presiones que enfrentan, es necesario que haya un seguimiento por parte de los padres.

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El embarazo en ese escenario es solo uno de los aspectos. ¿Cuántas enfermedades sexualmente transmisibles son recibidas aún muy temprano en el cuerpo de esos jóvenes que van a tener que lidiar con esto la vida entera?

Entonces, cuando hablemos de embarazo en la adolescencia, tenemos que pensar antes en sexualidad. Tenemos que tener en mente cuestiones como: “¿Será que estoy conversando con mi hijo para que sepa que no debe actuar bajo la presión de la sociedad? ¿Que él tiene su tiempo, como espíritu eterno, para vivir su misión en la Tierra2?”.

La sexualidad es solo uno de los aspectos de nuestra vida. Aunque muy importante, no es el principal aspecto de nuestra identidad o de la expresión de amor y afectividad por alguien.

El jóven tiene que saber que hay muchas formas de realizarse espiritualmente, afectivamente y emocionalmente. Tiene que tener derecho de encontrar y desarrollar sus talentos, investigar su identidad espiritual, conocer sus emociones, establecer y fortalecer amistades y vínculos familiares, profesionales, comunitarios.

Debido a esto, la gran discusión aquí debe ser la formación integral del adolescente. Y esto comienza por pensar el significado de la sexualidad. Para relaciones de esa naturaleza es necesario que haya madurez, considerando que la relación sexual involucra la manipulación de la energía de la creación, algo extremadamente poderoso, sagrado y que exige gran responsabilidad.

En principio, la pareja necesita comprender que el sexo es un vínculo que surge del Alma y que puede resultar en la reencarnación de un Espíritu (aun con todas las precauciones anticonceptivas). 

Por este motivo es necesario cuidar el tema de la sexualidad en la familia y no restrigir las discusiones “solo” en la cuestión del embarazo en la adolescencia. ¿Pero cómo? Explica el Hermano Paiva Netto, Presidente Predicador de la Religión del Tercer Milenio, en su Ensayo Literario Evangelio del Sexo, pág. 30:

“Hoy se confunde Amor con sexo. El sexo es bueno, pero sin Amor, conforme destaco anteriormente, es tedio; peor aún, se convierte en una amenaza de transmisión de enfermedades venéreas. Quien ama no va a buscar distracción allá fuera, poniendo en peligro a quien en él confía. Por esto, es urgente integrar Sexo y Amor, Amor y matrimonio”.

Así que, es necesario tener madurez para entender los propios sentimientos, los límites y respetar el tiempo de nuestro propio corazón, de nuestra Alma.

Pero, ¿será que el adolescente está preparado para decir, venciendo las presiones sociales y las de las propias relaciones: “Ahora yo no quiero” o “No estoy preparado”? ¿Será que nosotros conversamos con ellos sobre esto en la casa? ¿Será que ellos se sienten inseguros, pensando que pueden perder los vínculos, si rehusaran tener relaciones sexuales? ¿O lidian con la sensación de que todos los amigos se involucraron sexualmente menos él (lo que necesariamente no es verdad)?

Debemos anticiparnos a esas reflexiones en la casa, enseñando cuán sagrado es el sexo, un tema antes que todo espiritual, que compromete dos almas en el ejercicio de su misión en la Tierra. Los adolescentes quieren ser respetados, por ello, necesitamos conversar abiertamente con ellos.

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1 Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo: También denominada Religión del Tercer Milenio y Religión del Amor Universal. Se trata de la Religión Ecuménica de Brasil y del mundo.

2 Agenda Espiritual: enseña la Religión del Amor Universal que nadie nace en la Tierra sin un propósito de existencia. El Educador Celestial, Jesús, nos dio Su ejemplo: “Descendí del Cielo, no para hacer mi propia voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió.” (Evangelio, según San Juan, 6:38).  Por lo tanto, cada uno de nosotros, antes de reencarnar en la Tierra, asumimos en el mundo espiritual —nuestra patria de origen— un conjunto de compromisos, desafíos y situaciones, que componen nuestra Agenda Espiritual.

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