¿Por qué Jesús necesitó ser crucificado?

De la redacción
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02/05/2014 | Viernes | 14:30 horas

¿Por qué Jesús necesitó ser crucificado? Y más aún: ¿Cuál es la importancia de Su Resurrección en la vida cotidiana de cada uno? Esas preguntas intrigan a muchos estudiosos del Evangelio-Apocalipsis del Divino Resucitado y también a aquellos que conocen, de forma general, las historias bíblicas.

Tela: Frank P. Ordaz

   

Para iniciar la búsqueda a esas respuestas, primeramente, es necesario mirar las Escrituras Sagradas y percibir que Jesús reconocía el sacrificio al que se sometería, conforme se encuentra en el relato del Evangelista San Mateo, 17:22 y 23:

Y estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo de Dios será entregado en manos de los hombres, y le matarán, pero al tercer día resucitará”.

Y al mismo tiempo, Él reconfortaba a sus discípulos y a todos nosotros al reafirmar Su gran victoria sobre la muerte.

No obstante, ¿será que el Cristo Ecuménico, el Divino Estadista, no habría sido victorioso aun sin pasar por la crucifixión? Al pasar por tamaño sacrificio, Él demostró Su inmenso Amor por la Humanidad. Porque, a partir de Su ejemplo de donación al prójimo, Jesús nos inspiró y nos enseñó a vivir de manera ética, justa, bondadosa y ecuménica (el Cristo atendía a todos, sin distinción: mujeres, niños, enfermos, débiles, hombres considerados pecadores, etc.).

Por lo tanto, Jesús aceptó pasar por el desafío de la crucifixión con el fin de que la lección fuera realmente comprendida por nosotros. Con esto, cambió el paradigma de la Humanidad, enseñando el Amor Divino, que es Dios. Esclarece el Presidente Predicador de la Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo1, José de Paiva Netto:

"Cuando Lo entronizaron en la Cruz, Él se convirtió evidentemente en Rey. Ya Lo era y así entonces se constituyó, a la vista de todos, delante de los ojos aún empañados de la Humanidad. Por el modelo de resistencia al Dolor moral y espiritual, del que fue y es paradigma, se alzó como ejemplo que todos debemos seguir” (contenido en su libro Jesús, el Dolor y el origen de Su Autoridad – el Poder del Cristo en Nosotros, pág. 227, versión tradicional).

Es importante destacar que nunca debemos causarnos sufrimiento a nosotros mismos, de forma deliberada, ni acomodarnos en el dolor pensando que así las cosas serán resueltas. No fue esto lo que Jesús enseñó. Por lo contrario, Él nos mostró que es posible soportarlo y vencerlo, que no hay imposibles cuando seguimos Sus pasos:

“De cierto, de cierto os digo: El que en Mí cree, las obras que Yo hago él también las hará; y aún mayores que estas hará, porque Yo voy junto al Padre” (Evangelio, según San Juan, 14:12).

Por lo que tenemos capacidad para encarar valientemente los desafíos de la vida, vencerlos y sacar de ellos valiosas lecciones para la construcción de nuestro carácter y de una vida más feliz, individual y colectivamente.

+ Lea más sobre este asunto en La advertencia de Schiller y la función del Dolor (capítulo 7, del libro Jesús, el Dolor y el origen de Su Autoridad – El Poder del Cristo en Nosotros).

“Si Jesús no hubiese Resucitado, no habría Cristianismo”

La victoria del Cristo Vivo sobre la muerte influyó en la vida de sus discípulos y en la nuestra también, de diversas formas. Ese elevado acontecimiento nos aportó revelaciones sobre la existencia del Mundo Espiritual y hace resurgir en nosotros, todos los días, el coraje y la renovación de la esperanza de superar las adversidades y nuestras propias limitaciones. Después de vencer el mayor de los imposibles, por Amor a la Humanidad, Él adquirió Autoridad Moral y Espiritual para afirmar en Su Evangelio, según San Juan, 16:33:

“En el mundo ustedes tendrán tribulaciones. Pero, tengan valor pues Yo vencí al mundo”.

    

De ahí la exaltación a la Resurrección de Jesús, de acuerdo con el discurso histórico de Paiva Netto, el 1º de abril, de 1989, tradicionalmente conocido en Brasil como el Día de la Mentira, pero que fue consagrado en la Religión del Tercer Milenio como el Día de la Verdad. Fecha del lanzamiento del libro Jesús y que marcó la Proclamación de “¡Jesús Vivo!” y la defensa de este gran mensaje renovador.

“El 1º de abril de 1983, Viernes Santo, en la Casa D’Itália, Salvador/Bahia, al presentar el libro Jesús, declaré: En Su victoria sobre la muerte está el resorte impulsor del Cristianismo, la seguridad del triunfo, sobre sí mismos, de Sus discípulos. El gran Mensaje de la Semana Santa en la actualidad, cuando los pueblos insisten en invocar la muerte, haciendo de ella su diosa, es que el Divino Jefe nunca estuvo realmente muerto. El Espíritu no se extingue. Razón por la que somos inmortales.

"Fuimos creados a imagen y semejanza del Altísimo. Y 'Dios es Espíritu', conforme reveló el Educador Celeste a la samaritana en el pozo de Jacob (Evangelio según San Juan, 4:24). Jesús Espíritu resurgió a los ojos humanos. Con ese acto extraordinario, creó en el alma de Sus seguidores el coraje capaz de enfrentar todos los odios y persecuciones mundanas, sin que fueran también portadores de ese comportamiento malsano. Por esto siempre destaco que la valentía es aceptar una incumbencia, por más difícil que parezca, y llevarla, con todo brío, hasta su término. Sin desanimar, con los ojos fijos en el Cristo de Dios. 

"Como exaltaba Alziro Zarur (1914-1979): 'Si Jesús no hubiera resucitado, no existiría el Cristianismo'”, escribe el Presidente Predicador de la Religión del Amor Universal, en su artículo La Sublime Existencia entre nosotros.

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Religión de Dios, del Cristo y del Espíritu Santo: También denominada Religión del Tercer Milenio y Religión del Amor Universal. Se trata de la Religión Ecuménica de Brasil y del mundo.

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